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DE LA DISTANCIA

Se toma el atrevimiento de ser coqueta, puntual, prolija. 
Tiene pinta de revolucionaria solo a veces,
 y otras tantas rompe en llanto como una romanticista de aquellas, 
desgarrando cada parte de los latidos.
Yo no la quiero, pero ella muere por lo que soy. 
Me atrapa, me desnutre, me consume, me desarma.
A decir verdad, no es que no la quiera, sino que no la prefiero, 
no la elijo. 
Es prepotente, se ríe de mí cada sábado de fiesta, 
y los domingos se viste de gris y me pasa bien cerca, 
como si fuese fácil para mí contener las ganas de destruirla.
No es cosa fácil convivir con ella, desparrama felicidad en cada mediodía, 
y en las noches me obliga a escribir cuán fuerte es mi dolor.
Una vez se me acercó, y me contuve. 
Quería agarrarla, tirarla contra el piso, tirarla otra vez, 
desarmarla, hacerla desaparecer.
Igual no hizo falta, porque vino y no fue maldita como siempre. 
Se río de mí, si, y detrás de las sonrisas esas que no dan risas amables, 
me enseñó que va a estar siempre. 
Y me dijo de forma sutil y engorrosa, que me despreocupe.
Distancia está donde yo camino, no puedo sacármela de encima.
Ya la quiero, no pude deshacerme de ella, 
y ya tampoco quiero hacerlo. 
Distancia no significa que alguien no esté, distancia significa espacio, 
aire que hace alcanzar las mayores ganas de no dejar de querer nunca. 
Distancia somos y distancia morimos, lejos una vez, dos, miles. 
Nosotros somos y distancia muere, cerca una vez, dos, miles.
Aparece y desaparece, cuando está irrita, espanta, desagrada. 
Cuando se va, todo es luz.
Hasta que vuelve a renacer, como si nada, como si nadie la viera, 
puntual, desarraigada, otra vez.
Y yo sigo deseándole todo el tiempo su desaparición. 
O que al menos me traiga cuando desaparece y aparece, a quien se llevó lejos, 
y tan de repente, siempre.

DE CUANDO UNO CAE O ESTÁ MAL

La distancia se multiplica, se desarma, 
se aleja, se sigue alejando, no deja de alejarse.
No me alcanzan las manos para llegarte, 
todo lo siento inútil, me mimetizo con tu dolor y no puedo. 
No puedo perdonarme estar tan lejos 
ni estar con los ojos tapados de tantas huellas. 
Necesito de vos, lo tuyo, respirarte, mirarte fijo 
y terminar en tus ojos. 
Porque no hay cosa que me enamore más que la forma en que mirás,
parece que no vieras más nada que lo que querés, 
te hacés tan grande. 
Estás abajo en mis caídas, 
esas seguidas y desopilantes como habernos cruzado. 
No hay forma de describir lo indescriptible, 
ni de sentir real lo que parece ser soñado. 
Pero te agarro y te describo y te protejo de los años, 
y en las noches que sin querer te me venís abajo,
te sostengo con un dedo y con el resto te abrazo. 
Que tus dolores sean míos, y los míos compartidos; 
que si se nubla para vos, ya no haya sol donde yo esté; 
que mi imsomnio surja de tanto pensarte, 
y que la vida no tenga otra cosa que hacer más que juntarnos. 
Porque mientras haya algo que nos divida, 
no va a haber herida que no quiera quedarse.
Que sonrías, te desnuques del glamour que nos da el querer, 
y que me elijas.
Y elijas que te elija, 
para que las rutas no sean barrera,
ni los dolores lleguen cada vez que algo se nos cruza; 
y no deja vernos.

DE LAS NOCHES

Las noches son como agosto. 
Lo reinvento y reintegro cada vez que quedo en horizontal. 
Rememoro, descifro, construyo. 
Sus ojos negros son lo único que puedo ver 
cuando pocas cosas se perciben, 
las manos interminables las tengo conmigo de luna a sol, 
la voz grabada, plasmada, perdida.
Los días se reducen a segundos cuando compartimos todo, 
y la soledad se espanta y opta por olvidar. 
Me enamora con su ausencia, 
y me deja latente la vida juntos para cuando estamos donde nos toca.
Si despierto te despierto, si estás estoy, si te vas te sigo.
Estás en los agujeros de todas las cosas, 
y sos vos, bien vos, siempre. 
Te recuerdo, te busco, te elijo, 
te traigo y te llevo, 
te tengo, te dejo, te presto, me presto, 
te quiero abarcar, te suelto, te encuentro, 
te grito y me grito, 
te rezo, 
te soy entera, te desmayo y me desmayo, 
y no quiero escapar de vos. 
Te quedas en mis noches y en mis ojos y en mí, 
te quedas, me quedo. 
Te tengo al lado en todos los pasos,
te choco y me quedo adentro de lo que sos, 
te sueño, te recito, te canto.
Si te vas de mis noches, que sea para tenerte no solo en mis noches, 
sino en mi vida. 
Y que las noches sean de boda, 
y vos y yo, no dudemos en tenernos.
DE IMAGINARTE
Te dibujo en gris y negro para que pases desapercibido, 
opaco lleno de brillo y callado, 
que nadie te escuche, que nadie escuche.
De cada día que recuperamos la cercanía, 
atrapo pedazos de tiempo y los guardo, 
y los redibujo para tenerlos conmigo.
Te calco, te descubro, te enamoro.
Te tengo donde estoy, estás adonde voy, respiramos lo mismo.
Idealizo tus manos y sus gestos, 
tus ojos achinados y extendidos al sol, elevándolos en cada risa, 
repito los abrazos como si fuesen el primero, 
y los ruidos que no están cuando estamos de a dos los siento igual, 
los percibo y los veo llegar.
Sos repetición, invento, color. 
Sos mío y no lo creo, sos todo lo que veo 
porque lo que no se ve, yo en vos lo descifré.
El cielo en la tierra, la paz perfecta y tumba dolores, 
la guerra ganada o el triunfo que es mejor.
Sos fuerza y negrura, sos grande de cerca y de lejos 
y por dentro y fuera, 
sos el símbolo de mi felicidad 
y el sentimiento más de otro mundo 
que tuve encima 
de lo que llevo como corazón.

DE CUANDO ME VOY

Es tan terminal la terminal.
La gente es siempre la misma, 
está siempre igual, 
tratando de salir para algún lugar, algunos de forma urgente, 
otros queriendo quedarse, otros escapando.
Y entre tantas valijas y tantos motivos, 
y tanta penumbra y tantas voces; 
y entre tantas piernas que caminan idénticas pero diferentes, 
y tantas manos que saludan dejando atrás alguna cosa, 
algún domingo; 
y entre tantos pasos y tantas ruedas, 
y tantos ojos, estoy yo, con vos siempre con vos, 
queriendo ser cimiento para no moverme. 
Y contemplarte. 
El beso es el mismo, es casi como el último. 
Lo que te digo me decís y nos decimos no varía. 
Que tengo asumido que prefiero morir antes tuyo para no verte ir, 
que ya te extraño, que me dolés cuando se hace la hora y nos quedamos aparte.
Pero que no es despedida, sino bienvenida a más días juntos, 
más noches de esas que no se olvidan, 
más mañanas de a dos y soles que matan y fríos que nos mueven.
Que el ómnibus se va, pero vos y yo nos quedamos. 
Y somos uno dividido en dos. Y es otra vez volver a empezar, volver a seguir, 
volver a echar de menos a alguien que vale lo que vale mi vida.

DE CUANDO NO ESTÁS

Recreo las manos ubicando las mías en poses extrañas 
para que los dedos sean largas vías del ferrocarril, 
y si lo logro las acomodo a medida y a sentimiento.
Abrazo dejando espacio para su brazo, 
cada cosa que tengo con su nombre y su esencia. 
Y en las noches de insomnio preponderante, 
charlo con sus gestos inconfundibles e inimitables 
como si estuviesemos en paralelo, mano a mano.
Cierro los ojos y cancelo el mundo, apago los ruidos 
y las luces y las voces vecinas 
para poder escucharlo. 
Y le pregunto, y le respondo, y le discuto 
para terminar asumiendo que quien tenía razón era él. 
Y reniego de su no presencia en la presencia inventada de cada día.

Enmudezco cada foto y la hago única y mía, 
las miro y me meto adentro, 
invado el lugar exacto donde se frena lo que hace. 
Es inmutable quererlo tanto.
Me escondo en lo que somos, en lo que gritamos, en lo que sentimos, 
en lo que vivimos, respiramos, compartimos. 
Y si me pierdo en la memoria me pierdo en él, 
y qué más quisiera que perderme en él.
Extraño todo, y de todas las formas, en todos los lugares 
y todos los días. 

Y los días que se va, el segundo en que se va,
el minuto que tarda en no irse y en partir.

Lo extraño porque no hay forma de explicar lo contrario,
porque no hay punto que me haga quererlo menos, 
ni causa que me aleje. 
Porque no hay libreto más que lo que somos, 
y porque si esto no es el resto de mi vida, 
quiero ver qué será.

¿Cómo vivir la intimidad desde la Arquitectura?

La intimidad como espacio, genero íntimo. Espacio alejado de la polifonía ajena, su mundo, sus paredes y lo que alcanza a mirar y por sobre todas las cosas, lo que quiere mirar.

Arquitecto escogido JUAN GUARDATI

Es arquitecto porla Universidad Nacionalde Rosario (1998) donde también fue docente de Proyecto Arquitectónico desde 1997 al 2007. Actualmente es profesor adjunto de Diseño Arquitectónico enla U.A.I., sede Rosario.

Obtiene una beca para el intercambio de estudiantes enla Etsav(Valladolid, España) en 1996, y una pasantía de trabajo en 1999 en el Estudio de Rem Kool Has (Rótterdam, Holanda).

Es miembro del Cuerpo de Jurados de Concursos del Colegio de Arquitectos de la Provinciade Santa Fe, período 2008-2009 y 2010-2011.
En noviembre de 2002 abre Estudio Aire, Rosario. Realiza exposiciones artísticas desde 2007.

 “Se escribe para llenar vacíos, para tomarse desquites contra la realidad, contra las circunstancias.” M Vargas Llosa

 

La voluntad discursiva del hablante se realiza ante todo en la elección de un género discursivo determinado. La elección se define por la especificidad de una esfera discursiva dada, por las consideraciones del sentido del objeto o temáticas, por la situación concreta de la comunicación discursiva, por los participantes de la comunicación, etc. En lo sucesivo, la intención discursiva del hablante, con su individualidad y subjetividad, se aplica y se adapta al género escogido, se forma y se desarrolla dentro de una forma genérica determinada. Tales géneros existen, ante todo, en todas las múltiples esferas de la comunicación cotidiana, incluyendo a la más familiar e íntima.

Vemos a Juan Guardati como reflejo de la teoría que describe y contiene a los géneros discursivos. También tomamos esta hipótesis para describirlo y desvestir su profesión.

Los géneros discursivos están determinados por los espacios en los que se ejercen, la experiencia discursiva individual se forma y desarrolla en interacción con enunciados ajenos, es la asimilación de palabras ajenas.

Juan habla para un espacio íntimo, desde el espacio íntimo.

 

La obra de Juan Guardati es un enunciado

El enunciado (unidad real de la comunicación discursiva permitirá comprender de una manera más correcta la naturaleza de las unidades de la lengua (como sistema), que son la palabra y la oración). Todo enunciado, oral o escrito, primario o secundario, en cualquier esfera de la comunicación discursiva, es individual y por lo tanto puede reflejar la individualidad del hablante (o del escritor), es decir puede poseer un estilo individual. Pero no todos los géneros son igualmente susceptibles a semejante reflejo de la individualidad del hablante en el lenguaje del enunciado, es decir, no todos se prestan a absorber un estilo individual.

El vínculo orgánico e indisoluble entre el estilo y el género se revela claramente en el problema de los estilos lingüísticos o funcionales. En realidad los estilos lingüísticos o funcionales no son sino estilos genéricos de determinadas esferas de la actividad y comunicación humana. En cualquier esfera existen y se aplican sus propios géneros, que responden a las condiciones específicas de una esfera dada; a los géneros les corresponden diferentes estilos.

Los enunciados y sus tipos, es decir, los géneros discursivos, son correas de transmisión entre la historia de la sociedad y la historia de la lengua.

La gramática y la estilística convergen y se bifurcan dentro de cualquier fenómeno lingüístico concreto: si se analiza tan sólo dentro del sistema de la lengua, se trata de un fenómeno gramatical, pero si se analiza dentro de la totalidad de un enunciado individual o de un género discursivo, es un fenómeno de estilo.

Los enunciados para Bajtín existen siempre en respuesta y porque existen otros y son todos miembros de en comunidad discursiva, de una comunidad que habla, responde, mira y es mirada. Y en función de ello,
se construye y construye espacios para habitar (y que simultáneamente son deshabitados o deshabitables para otros).

A su vez, los mismos están determinados por las fronteras que imponen y justamente, en la arquitectura, si hay algo que importa, son los límites. En cada enunciado, y como cualidad distintiva de los mismos,
además de poder determinar su final, porque es una entidad conclusa que espera respuesta, permite sentir la “intención discursiva, la voluntad discursiva del hablante, que determina todo el enunciado, su volumen, sus límites. Nos imaginamos qué quiere decir el hablante”.

El arquitecto enuncia a través de los dibujos, el lenguaje arquitectónico es la manera de hablar. El dibujo es el lenguaje, la forma de expresar cada pensamiento y plasmar cada idea. A nosotros como estudiantes, el lenguaje nos define, nos da forma, nos enseña a aprender, nos enseña a enseñar. Nos nutre y nos comunica, nos conecta, nos descubre, nos evidencia.

Juan Guardati siempre dibujó. Su primer dibujo “siendo consciente de estar en medio de un acto creativo no fue arquitectura sino un cuadro”. Es por eso que dice “supongo que por eso prefiero decir que antes de la arquitectura existió en mí el dibujo”. Y agrega “mis dibujos siempre fueron por un carril paralelo, nunca me gustaron mucho los dibujos de arquitectura. Es decir puedo valorarlos pero los siento ajenos. Sé que puedo hacerlos pero no me interesa mucho producirlos.”. No hace falta ser arquitectos para saber dibujar, ni ser estudiantes de arquitectura. Y tampoco es necesario saber dibujar arquitectura. La esencia del dibujo está en su capacidad de enunciar, en el grato hecho de demostrar lo que pensamos y sentimos con líneas, trazos gruesos o finos, grandes o chicos, prolijos o no tanto.

Juan explicó en una de sus presentaciones que el dibujo es un mecanismo complejo de múltiple función. “Permite desagotar el cuerpo, lo racional y lo pasional casi como una descarga. Elimina el exceso de sentimiento pero también lentamente decodifica nuestro cerebro, alinea el corazón con el cerebro”.

Es decir, el dibujo nos libera de lo que contenemos. Explotamos en frente de una hoja y dejamos todo como lo vamos imaginando. Confunde la razón con la pasión, la realidad con lo que no existe o al menos no vemos; mezcla, desparrama, agranda, minimiza, esconde y deja a la luz. Nos vende, nos regala y nos da estilo.

Nos formamos con el dibujo como base, y continuamos con él como compañía en todos lados, en todos los casos y en todas las casas. El dibujo es nuestra lengua.

La historia de la lengua es una historia de los moldes expresivos, y por tanto la gramática ha de subordinarse a la literatura y a la historia de los estilos en el arte, como una de las vertientes de la historia de las ideas. Desde el punto de vista lingüístico, no existen los dialectos, sino sólo expresiones lingüísticas individuales y cualquier desviación es resultado de una actividad individual que puede generalizarse si es aceptada por el resto de los hablantes. Su esencia se reduce a la expresión del mundo individual del hablante. El lenguaje se deduce de la necesidad del hombre de expresarse y objetivarse a sí mismo. La esencia del lenguaje, en una u otra forma, por una u otra vía, se restringe a la creatividad espiritual del individuo.

El enunciado tiende hacia su objeto (es decir, hacia su contenido y hacia el enunciado mismo). La lengua, en realidad tan sólo requiere al hablante un hablante y al objeto de su discurso.

El oyente, al percibir y comprender el significado (lingüístico) del discurso, simultáneamente toma con respecto a éste una activa postura de respuesta: está o no está de acuerdo con el discurso (total o parcialmente), lo completa, lo aplica, se prepara para una acción, etc.; y la postura de respuesta del oyente está en formación a lo largo de todo el proceso de audición y comprensión desde el principio, a veces, a partir de las primeras palabras del hablante.

La esencia del lenguaje está en la respuesta, se habla para otros. Y es cuando sentimos la presencia de otros, cuando determinamos los límites de lo que somos y de los lugares donde estamos, y de las personas con las que vivimos.

Queremos intimidad cuando percibimos la presencia de otros. Sin otros, no habría necesidad de preservarnos.

Juan deja en claro que la arquitectura es un espacio de intimidad para él. “Es un refugio intelectual. La arquitectura que más placer me genera es la que está en mi cabeza, también la que más me perturba. Es un momento preservado de la realidad.

Probablemente este pensamiento influya en mi voluntad de proponer siempre lugares contenidos, paisajes propios e íntimos.”

El arquitecto evidencia que, por un lado, la intimidad es un tema esencial en su carrera, en su vida y en sus obras. Sus viviendas son cerradas, placas blancas con alguna abertura; son “hacia adentro”. Una vez en el interior, llevan el formato de la vida de quienes van a habitarla. Sus espacios son de ellos, no son interrumpidos por miradas ajenas ni descubiertos por quienes están afuera. Juan quiere hablar hacia adentro, desde adentro, marcando su terreno.

Crea refugios, lugares amparados, lugares para proteger. Es que lo que siente, lo que cree, lo que crea, lo que quiere y siente lo evidencia en sus obras. Todo parte de su adentro, de su corazón y de lo que es; como persona, como arquitecto, como compañero de vida. “Mi mundo interior fue mi refugio, es mi refugio. Mis dibujos también son mi refugio. En mi refugio las cosas además están acomodadas a conveniencia, hay muchas escondidas y muchas explícitamente colocadas en primer plano. Pero mi refugio siempre termina ocupado por otros, y ellos conviven con mi mundo pensando que es el suyo.” Hay otros, hay interacción. Hay polifonía. “Pienso que la intimidad o la ausencia de la misma aparece ligada a  la noción del “otro”. En mis propuestas hay un trabajo muy minucioso en la construcción de los límites físicos entre los sujetos. Las plantas y los cortes trazan cobertores entre ellos. Así se definen tanto el vínculo entre la obra y su exterior como entre los diferentes ámbitos internos.”

Es un mundo dinámico entre el cliente y el arquitecto, y viceversa. Se mete el mundo de uno adentro del mundo del otro, se expropian algunos puntos, se concretan otros, y dejan la sorpresa de que el cliente intervenga, a veces, aún sin la ayuda del arquitecto.

Una comprensión pasiva del discurso percibido es tan sólo un momento abstracto de la comprensión total y activa que implica una respuesta, y se actualiza en la consiguiente respuesta en voz alta. Pero ésta, por decirlo así, es una comprensión de respuesta de acción retardada: tarde o temprano lo escuchado y lo comprendido activamente resurgirá en los discursos posteriores o en la conducta del oyente.

El deseo de hacer comprensible su discurso es tan sólo un momento abstracto del concreto y total proyecto discursivo del hablante. Es más, todo hablante es de por sí un contestatario, en mayor o menor medida: él no es un primer hablante, quien haya interrumpido por vez primera el eterno silencio del universo, y él no únicamente presupone la existencia del sistema de la lengua que utiliza, sino que cuenta con la presencia de ciertos enunciados anteriores, suyos y ajenos, con las cuales su enunciado determinado establece toda suerte de relaciones (se apoya en ellos, problemiza con ellos, o simplemente los supone conocidos por su oyente.) Todo enunciado es un eslabón en la cadena, muy complejamente organizada, de otros enunciados.

El discurso siempre está vertido en la forma del enunciado que pertenece a un sujeto discursivo determinado y no puede existir fuera de esta forma.

Al preguntarle cómo juegan las miradas ajenas en la construcción de un espacio, nos dijo que es muy difícil construir intelectualmente un espacio. “Me resulta casi imposible asegurar como será, el momento de la gestación es sólo especulación e intuición. Es un momento muy personal, las miradas de los otros son solamente orientaciones. La de los clientes generalmente no apunta al espacio sino a la forma o al programa. Las miradas propias están condicionadas o respaldadas por las de las referencias que hemos ido acumulando.”                                                                                                                           Las fronteras de cada enunciado como unidad de la comunicación discursiva se determinan por el cambio de los sujetos discursivos, es decir, por la alternación de los hablantes. Todo enunciado, desde una breve réplica del diálogo cotidiano hasta una novela grande o un tratado científico, posee por decirlo así, un principio absoluto y un final absoluto; antes del comienzo están los enunciados de otros, después del final están los enunciados respuestas de otros (o siquiera una comprensión silenciosa y activa del otro, ó, finalmente, una acción respuesta basada en tal tipo de comprensión). Esta alteración de los sujetos discursivos, que constituye las fronteras precisas del enunciado, adopta, en diversas esferas de la praxis humana y de la vida cotidiana, formas variadas según distintas funciones del lenguaje, diferentes condiciones y situación de la comunicación. Este cambio de sujetos discursivos se observa de una manera más simple y obvia en un diálogo real, donde los enunciados de los interlocutores (dialogantes), llamadas réplicas, se sustituyen mutuamente. El diálogo es una forma clásica de la comunicación discursiva debido a su sencillez y claridad. Cada réplica, por más breve e intermitente que sea, posee una conclusión específica, al expresar cierta posición del hablante, la que puede ser contestada y con respecto a la que se puede adoptar otra posición.                                                                                                                                                                                 Tales relaciones pueden ser posibles tan sólo entre los enunciados que pertenezcan a diferentes sujetos discursivos, porque presuponen la existencia de otros (en relación con el hablante) miembros de una comunicación discursiva.                                                            El contexto de una oración viene a ser el contexto del discurso de un mismo sujeto hablante; la oración no se relaciona inmediatamente y por sí misma con el contexto de la realidad extraverbal (situación, ambiente, prehistoria) y con los enunciados de otros ambientes, sino que se vincula a ellos a través de todo el contexto verbal que la rodea, es decir, a través del enunciado en su totalidad.                                                                     La gente no hace intercambio de oraciones ni de palabras en un sentido estrictamente lingüístico, ni de conjuntos de palabras; la gente habla por medio de enunciados que se construyen con la ayuda de las unidades de la lengua que son palabras, conjuntos de palabras, oraciones; el enunciado puede ser constituido tanto por una oración como por una palabra, es decir, por una unidad del discurso (principalmente, por una réplica del diálogo), pero no por eso una unidad de la lengua se convierte en una unidad de la comunicación discursiva. El cambio de los  sujetos discursivos (hablantes) que determina los límites del enunciado se presenta en el diálogo con una claridad excepcional. Pero en otras esferas de la comunicación discursiva, incluso en la comunicación cultural complejamente organizada (científica y artística), la naturaleza de los límites del enunciado es la misma.                                                                                         En la arquitectura, las letras siguen estando, las oraciones siguen siendo gestadas, y encima, se incluye el dibujo. Cada cosa que decimos es parte de lo que alguna vez nos contaron, de lo que nuestras familias y más tarde nuestros profesores, nos han ido incorporando, o hemos tomado nosotros para nutrirnos. Los dibujos son lenguaje y referencia; podemos partir siempre de algo que nos guste, de un estilo, de un formato, de un trazo. De formas de graficar, de formas de trazar cada gesto. Las cosas ya están inventadas; partimos de alguien y de todos. Todos tenemos a alguien más que está delante de nuestra historia, y detrás de lo que decimos.                                                  Juan construye respondiéndole a otros, respondiendo a la mirada ajena, escondiéndose de la mirada ajena. La intimidad es parte de su identidad. Sus puntos se definen de manera simple y exacta: no se metan en mi casa; no se metan en mi vida.                                Sus obras son reflejo de lo que vive y siente. Sus dibujos también. “El proyecto de registrar todas las camas donde duermo es un intento de generar un punto de contacto entre estos dos mundos (arquitectura y dibujo). Me interesa captar elementos que tengan una gran implicancia espacial sin dibujar los límites de la caja, ya que ésta tarea es la que finalmente ocupa todo mi tiempo dentro de la arquitectura.”
¿Qué es una obra?

Una obra, igual que una réplica del diálogo, está orientada hacia la respuesta de otro (de otros), hacia su respuesta comprensiva, que puede adoptar formas diversas: intención educadora con respecto a los lectores, propósito de convencimiento, comentarios críticos, influencia con respecto a los seguidores y epígonos, etc.; una obra determina las posturas de respuesta de los otros dentro de otras condiciones complejas de la comunicación discursiva de una cierta esfera cultural. Una obra es eslabón en la cadena de la comunicación discursiva; como la réplica de un diálogo, la obra se relaciona con otras obras-enunciados: con aquellos a los que contesta y con aquellos que le contestan a ella; al mismo tiempo, igual que la réplica de un diálogo, una obra está separada de otras por las fronteras absolutas del cambio de los sujetos discursivos.
El primero y más importante criterio de la conclusividad del enunciado es la posibilidad de ser contestado. O, en términos más exactos y amplios, la posibilidad de tomar una postura de respuesta en relación con el enunciado. A este criterio está sujeta una breve pregunta cotidiana, una petición cotidiana que puede ser cumplida o no.

Una totalidad conclusa propia del enunciado, que asegura la posibilidad de una respuesta (o de una comprensión tácita), se determina por tres momentos o factores que se relacionan entre sí en la totalidad orgánica del enunciado: 1] el sentido del objeto del enunciado, agotado; 2] el enunciado se determina por la intencionalidad discursiva, o la voluntad discursiva del hablante; 3] el enunciado posee formas típicas, genéricas y estructurales, de conclusión.

En cada enunciado, desde una réplica cotidiana que consiste en una sola palabra hasta complejas obras científicas o literarias, podemos abarcar, entender, sentir la intención discursiva, o la voluntad discursiva del hablante, que determina todo el enunciado, su volumen, sus límites. Nos imaginamos qué es lo que quiere decir el hablante, y es mediante esta intención o voluntad discursiva (según la interpretamos) como medimos el grado de conclusividad del enunciado. La intención determina tanto la misma elección del objeto (en determinadas condiciones de la comunicación discursiva, en relación con los enunciados anteriores) como sus límites y su capacidad de agotar el sentido del objeto.

La arquitectura tiene por objeto al mismo objeto. Los diseños, las viviendas, las cosas mismas con su esencia. Los pedidos de los clientes, las propuestas que ellos llevan consigo a donde están los arquitectos; las ganas del cliente de ver lo que quiere.

El cliente interviene, sabiendo  o no, en lo que van a construirle. Porque de eso se trata, de saber en qué espacios van a estar sumergidos, cómo va a ser, de qué forma, si va a ser sinónimo de luz o de sombra; si va a ser amplio o apretado, si va a quedar lejos o cerca de algo, si va a poder dormir, rezar, comer, criar, vivir.

Tenemos claro que todo enunciado es un eslabón en la cadena de la comunicación discursiva, viene a ser una postura activa del hablante dentro de una u otra esfera de objetos y sentidos. Por eso cada enunciado se caracteriza ante todo por su contenido determinado referido a objetos y sentidos. La selección de los recursos lingüísticos y del género discursivo se define ante todo por el compromiso (o intención) que adopta un sujeto discursivo (o autor) dentro de cierta esfera de sentidos. Es el primer aspecto del enunciado que fija sus detalles específicos de composición y estilo.

El segundo aspecto del enunciado que determina su composición y estilo es el momento expresivo, es decir, una actitud subjetiva y evaluadora desde el punto de vista emocional del hablante con respecto al contenido semántico de su propio enunciado.

Por eso la experiencia discursiva individual de cada persona se forma y se desarrolla en una constante interacción con los enunciados individuales ajenos. Esta experiencia puede ser caracterizada, en cierta medida, como proceso de asimilación (más o menos creativa) de palabras ajenas (y no de palabras de la lengua). Nuestro discurso, o sea todos nuestros enunciados, están llenos de palabras ajenas de diferente grado de. “alteridad” o de asimilación, de diferente grado de concientización y de manifestación. Las palabras ajenas aportan su propia expresividad, su tono apreciativo que se asimila, se elabora, se reacentúa por nosotros.
Cada enunciado está lleno de ecos y reflejos de otros enunciados con los cuales se relaciona por la comunidad de esfera de la comunicación discursiva.

Un signo importante (constitutivo) del enunciado es su orientación hacia alguien, su propiedad de estar destinado.

Matices más delicados de estilo se determinan por el carácter y el grado de intimidad entre el destinatario y el hablante, en diferentes géneros discursivos familiares, por una parte, e íntimos por otra. Aunque existe una diferencia enorme entre los géneros familiares e íntimos y entre sus estilos correspondientes, ambos perciben a su destinatario de una manera igualmente alejada del marco de las jerarquías sociales y de las convenciones. Lo cual genera una sinceridad específica propia del discurso.

En los estilos íntimos esta cualidad se expresa en la tendencia hacia una especie de fusión completa entre el hablante y el destinatario del discurso.

Los géneros y estilos íntimos se basan en una máxima proximidad interior entre el hablante y el destinatario del discurso (en una especie de fusión entre ellos como límite). El discurso íntimo está compenetrado de una profunda confianza hacia el destinatario, hacia su consentimiento, hacia la delicadeza y la buena intención de su comprensión de respuesta. En esta atmósfera de profunda confianza, el hablante abre sus profundidades internas. Esto determina una especial expresividad y una sinceridad interna de estos estilos (a diferencia de la sinceridad de la plaza pública que caracteriza los géneros familiares).

Es sublime saber que la conexión entre cliente y arquitecto es válida, es generosa, amable. Vamos a construir para otros (también para nosotros mismos), escuchamos a todos los “otros” y a todas las voces. Cuando crecemos, nos llenamos de palabras, teorías, dibujos y técnicas que nos educan; cuando obtenemos el título de arquitecto, seguimos incorporando datos, y sumamos experiencias; y damos a nuestros interesados las pautas convenientes para la formación y creación de sus futuros o presentes espacios. Cuando vivimos lo que construímos, nos llenamos de gracia. Es un conjunto de cosas y casas que vimos, que escuchamos, que tomamos y guardamos; puntos que eliminamos y derrochamos temporariamente; hechos que volvimos a vivir y nos volvieron a confundir; dibujos que a veces nos hacían bien, y otras no tanto. Porque dibujamos para expresarnos, podemos estar plenos, o dibujar para salvar las penas que nos atan. Los hogares se piensan en planta y en sección. Lo que nos recorre y lo que nos envuelve debería ser afable siempre. Sentirnos propios y sentirnos vivos en el lugar que nos pertenece. Sentirnos parte de nuestros espacios, hacernos espacio a nosotros mismos.

Cuando construímos, construímos a otros, construímos a otras cosas, a otras y a propias casas. Pero cuando construímos, fundamentalmente nos estamos construyendo. Porque como dijo Juan “soy un arquitecto en construcción”. Todos somos parte de una gran construcción que termina cuando queremos nosotros, que se gesta, crece entre “otros”, y se remite siempre a alguien. O a algo, ese algo que nos hace dibujar, hablar, cantar, bailar, reir, cortar y pegar, arquitecturear, y nos hace, en fin, vivir y ser vividos.

 

ENTREVISTA A JUAN GUARDATI

¿Cómo juegan las miradas ajenas a la hora de pensar un espacio?

Creo que es muy difícil construir intelectualmente un espacio. Me resulta casi imposible asegurar como será, el momento de la gestación es sólo especulación e intuición. Es un momento muy personal, las miradas de los otros son solamente orientaciones. La de los clientes generalmente no apunta al espacio sino a la forma o al programa. Las miradas propias están condicionadas o respaldadas por las de las referencias que hemos ido acumulando.

¿Cómo vivís la intimidad desde la arquitectura?

La arquitectura es un espacio de intimidad para mí. Es un refugio intelectual. La arquitectura que más placer me genera es la que está en mi cabeza, también la que más me perturba. Es un momento preservado de la realidad.

Probablemente este pensamiento influya en mi voluntad de proponer siempre lugares contenidos, paisajes propios e íntimos.

¿Qué ocurre con la idea de REFUGIO? (Pensando en tu charla, cuando nombrabas el REFUGIO INTERIOR, arquitectura ante el espacio. Y cómo juegan las personas un rol en la construcción del mismo; eso precisamente interesa muchísimo).

Mi mundo interior fue mi refugio, es mi refugio. Mis dibujos también son mi refugio. En mi refugio las cosas además están acomodadas a conveniencia, hay muchas escondidas y muchas explícitamente colocadas en primer plano. Pero mi refugio siempre termina ocupado por otros, y ellos conviven con mi mundo pensando que es el suyo.

¿Qué es la intimidad para vos? O ¿cómo se define lo íntimo en tus construcciones? (Nada más genial que plasmar “Todos los lugares donde dormimos”, sublime)

Pienso que la intimidad o la ausencia de la misma aparece ligada a  la noción del “otro”. En mis propuestas hay un trabajo muy minucioso en la construcción de los límites físicos entre los sujetos. Las plantas y los cortes trazan cobertores entre ellos. Así se definen tanto el vínculo entre la obra y su exterior como entre los diferentes ámbitos internos.

¿Por qué asegurás que el dibujo existió antes que la arquitectura? Relación entre Dibujo y Arquitectura/Arquitectura y Dibujo.

Siempre dibujé. La primer obra que hice siendo conciente de estar en medio de un acto creativo no fue arquitectura sino un cuadro. Supongo que por eso prefiero decir que antes de la arquitectura existió en mí el dibujo.

Mis dibujos siempre fueron por un carril paralelo, nunca me gustaron mucho los dibujos de arquitectura. Es decir puedo valorarlos pero los siento ajenos. Se que puedo hacerlos pero no me interesa mucho producirlos.

El proyecto de registrar todas las camas donde duermo es un intento de generar un punto de contacto entre estos dos mundos. Me interesa captar elementos que tengan una gran implicancia espacial sin dibujar los límites de la caja, ya que ésta tarea es la que finalmente ocupa todo mi tiempo dentro de la arquitectura.

WEBGRAFÍA

M. Bajtín, Teoría de los géneros discursivos

 

Con afecto, para ambos (Profes de “Competencias lingüísticas y literarias en lo arquitectónico: Lidia Godoy&Mario Domínguez Teixeira,  compañeros de vida), porque conocí la poesía arquitectónica; o bien, o mejor, o maravillosa arquitectura poética.

Amar no es cosa fácil. Pero cómo y de qué forma, y con qué calidad y en qué cantidad! amo el arte, el espacio, la arquitectura, el sol, la luz y la sombra, la vida que me toca todos los días, la familia que llevo a todos lados. El corazón, y lo que esconde.

Vos que existís, y me desarmás, y me rearmás, y me volvés a tumbar a cada rato con tus palabras, con tus cosas, con lo tuyo y lo nuestro.

Vos que estás en cada pedazo de lo que soy, y ayudás a que exista, y me hacés feliz. Que me mira y no hace falta nada más.

Y esos kilómetros tan lejanos y tan vecinos, que nos alejan y nos mimetizan. Que nos extrañan y nos acercan.

Vos y tus manos, y tus ojos, y tus alturas. Vos y los veranos, las navidades, los fríos y dedos gordos que se tapan para no sufrir.

Las caras, caretas y caricias que llevas con vos, y traés a mí. Tu fuerza, tu paz, tu fe y confianza, el orgullo que cargás y desparramás en mis victorias, y en mis caídas.

Vos con tus pasos, y tus libros, y los colores que tenés adentro y afuera. Vos que no sabés más que darme vuelta el mundo, y darme vida y darme todo para tener las más grandes y más anchas y más fuertes ganas de tenerte cerca y no soltarte más.

 

Miles son las diferencias que nos diferencian, millones de células, de colores, de materias. Alturas, formas y formatos de ojos, de bocas, de orejas. Largos de cabellos, y de torso, de piernas, de pies, de dedos con uñas o sin ellas. Anchos de caderas, de empeines, de lucidez. Grandes o chicos estómagos, huesos y corazón.

Cosas que nos hacen no ser sólo cosas. Sino ser, ante todo y ante nada, personas.

Personas que sienten, hablan, gritan, corren y tropiezan. Personas que estudian, que cantan, que bailan, bien o mal, mucho o poco. Que piensan y pueden decirlo. Que escriben, que pintan, dibujan y desdibujan. Otras que prefieren quedarse sentadas, mirando lo que haya para mirar, o imaginándolo. Personas que recorren cada escondite, que descubren, que recubren, que se entusiasman y no paran, porque no se puede ni se debe. Personas o personitas, que a su medida buscan soluciones donde hay problemas, que lloran y ríen, que se enojan y vuelven a enojarse, otras que siempre están bien. Aquellas que no están de acuerdo con lo que ven, y pretenden cambiarlo, otras que tampoco acuerdan, pero se quedan inmutables. Otras personas que prefieren todo quede como está, por facilidad, conveniencia, por placer.

Están las personas que duermen, y las que no pueden hacerlo. Las que juegan hasta que aparece la luna; y las que ven el sol trabajando, y las noches las atrapan y no quieren liberarlas. Están las personas que comparten todo, de a dos, de a tres, de a siete. Las que eligen procrear, y las que optan ser aliadas de la soledad.

Están las grandes personas, felices de lo que son, de lo que viven, de lo que tienen y lo que les falta. Y las que reniegan de algunas ciertas contingencias que les toca, o les imponen.

Hay de esas personas que quieren tener un mundo mejor. Otras personas que no conocen la luz, ni su significado. Las que no pueden tocar porque no tienen cómo ni cuándo ni dónde. Están las personas que exclaman pero nadie puede oírlas, y lo que es peor, aquellas a las que la voz se la llevaron. Algunas que tienen ganas de saltar y caer lejos y logran hacerlo; y otras que no pueden intentarlo.

De estas personas están hechas las ciudades. Y de ciudades tipo están hechas las personas que no encuentran la forma de expresar sus gestos, sus necesidades, sus cuestiones, su dolor.

Hay espacios en cada respiro de los emporios, y son la base de todo cambio. Que la transgresión venga de cada hueco, y ésta sea un proceso de integración para aquellas personas tan personas como el resto, que tienen consigo capacidades diferentes, y conceptos humanos demasiado humanos. Hacer ciudad para quienes no se rinden. Y luchan consigo mismas, y con cada piedra, con el sol y su luz, con la voz del mundo entero.

El problema de la ciudad es que es ciudad restringida. Tiene límites geográficos, políticos, económicos, urbanísticos, socio-culturales, históricos. Siempre existieron personas que despiertan y se duermen con la realidad de tener encima alguna diferencia; física, motriz, visual, auditiva.

Pero hay caminos que se pueden tomar, para que la no facilidad, no signifique no felicidad.

Plantar millones de árboles en algún lugar, de tantos tipos exista en el mundo. Para que los que no puedan ver, puedan sentir. Que haya flores, de todos los colores, de todos los olores y texturas. Que el espacio verde te invite a quedar. A conocer, a extirpar cada sentido y a plasmar cada sentimiento.

Crear montañas por donde simplemente pasen y sientan que crecen. Construir paredes de millones de materiales, rugosos o pulidos, gruesos o finos, conocidos y ultra desconocidos, lindos o feos. Y mostrarles las diferencias desde otros puntos de vista.

Tener en el aire música, todo el tiempo. A toda hora, en todo lugar. Sintonías jóvenes, antiguas y no tanto. Que se pueda elegir. Y música que haga bailar, para que quienes no vean la luz ni la sombra, lleguen al movimiento, y se desnuquen de felicidad, de motivación, de vida.

Que haya talleres de cocina, donde los aromas hablen por sí solos y se autodescifren. Que se prueben todos los sabores, que sean puestos de comida de otros países, lejanos o que estén cerquita; platos de todos lados.

Para quienes ven todo, de menor a mayor tamaño, de mejores a peores formas, con lindos o feos colores; pero no pueden escuchar siquiera una palabra, que el espacio sea un conjunto de imágenes, de imaginación plasmada en algún sitio o en distintas materias. Que se pasen videos de esos que te llenan los ojos y el alma, y se traduzcan en todos los idiomas posibles, y después sean transcritos al son de la película. Que la gente no se quede quieta, y existan circos, espectáculos, teatros que dejen en claro las cosas sin hablarlas, que haya personas preparadas para bailar con alegría, y así alegrar al resto, y que no paren, que no dejen de contagiar y desparramar felicidad. Aplicar nuevos métodos, utilizar lo que se llama tiflotecnología (conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico de los conocimientos tecnológicos aplicados a personas ciegas o con baja visión) como tecnología de apoyo.

Interconectar las áreas y las dificultades, para potenciar los avances: allí donde el que no ve, puede sentir el sabor, o tocar la textura de un árbol, que esté el vidente cerca para contarle cuál es el orden, el color, la forma de lo que acaricia. Y en el sitio donde está el que no oye, alrededor haya personas que sí oigan, aunque no puedan ver; y sean éstas las encargadas de contarles con sus miradas o con sus manos, o con escritos ordenados, a qué se refiere el sonido que está presente.

Cuando se presente el caso de personas que escuchan pero no pueden hablar, que estén a su lado personas que sepan explotar el lenguaje de señas, y otras que ayuden a expresarse en corto o largo plazo. Para quienes hayan perdido la capacidad auditiva, que tengan asistencia de fonoaudiólogas/os para hipoacúsicos, y lleguen a alcanzar su objetivo.

Que el territorio dedicado a personas con capacidades diferentes, sea todo un complejo de cosas, no más fáciles ni más simples, sino elementos que conduzcan a una única ciudad, capaz de hacer parte a todos por igual, y a cada uno por su nombre, no por su mayor o menor dificultad.

Limpiar las barreras arquitectónicas: anchar los pasillos de cada espacio, colocar aberturas amplias, rampas estratégicas con la pendiente correspondiente, ascensores necesarios con la espacialidad suficiente para ser utilizados por personas en sillas de rueda o aquellas cuyo mecanismo de movilización sea particular. Contar con estacionamientos de vehículos provistos de espacio para desplazamientos diversos; insertar barandas de ayuda en todos lados; eliminar escalones inertes y que compliquen la circulación.

En los sitios destinados a trámites, o a consultas, que éstos estén equipados correctamente: mostradores de atención con la altura y el espacio técnico requerido para individuos que se transporten con sillas de rueda, para que logren hacer todo y manejarse de la misma forma que el resto de la comunidad. Botones, timbres, o cualquier aparato, puestos en lugares de acceso para todos. Que en cada lugar haya indicaciones y señalizaciones, para conducir a un entendimiento global de lo sucedido o lo que pueda suceder.

Signos con texturas diversas para que puedan ser entendidas a través del tacto, sistemas braille y dibujos de representación de señas por todos lados.

Contar con apoyo de otras índoles: lograr asistencia a través de animales; perros de ayuda, equinoterapia, terapia con delfines en sitios especiales, o con otros animales.

Desarrollar deportes inclusivos, actividades recreativas, talleres y experiencias, trabajos de campo, vivencias y convivencias para todos.

La vida es un modelo biopsicosocial, un modelo o enfoque participativo de salud y enfermedad que postula que el factor biológico, el psicológico (pensamientos, emociones y conductas) y los factores sociales, desempeñan un papel significativo de la actividad humana en el contexto de una enfermedad o discapacidad.

El cambio de ciudad entera no es posible a veces, pero sí la transformación de una parte, de un tramo, de un pedacito por más pequeño que sea. Todo lo que se quiera hacer o lo que se logre es señal de colaboración, de avance, de humanidad.

Un proyecto de arquitectura puede concretarse si partimos de un proyecto de orden moral, social, político-cultural. Salir de los esquemas de simpleza y estandarización, conocer las crestas y valles de cada dilema, para que dejen de serlo. Siendo problema, tienen solución.

Aprender a enseñar, enseñar a aprender, enseñar a enseñar. Y estar todos enseñados y aprendidos por igual, para continuar.

Entender que cada obstáculo deja de serlo si entre todos lo corremos del camino, o si construimos con él algo más interesante. Un lugar distinto es posible, siempre.

Donde las personas que nacieron o se hicieron; o que tuvieron siempre o de repente alguna dificultad que indique diferentes capacidades participen, sientan, expresen, divulguen, estudien, rían, corran, disfruten, canten, bailen, escuchen, vean, miren y se detengan, salten tan alto como quieran, lean, escriban y dibujen, cocinen y degusten, perciban y toquen todo de la misma forma que las que nacieron sin dificultades, o aquellas que llamamos normales, por error de concepto quizás.

Que la palabra incluir, sea cotidiana y aplicada. Que el pronombre nosotros signifique de verdad nosotros. Que no se trate de ellos, de apartarlos, de aislarlos, sino de involucrarlos en cada paso que la sociedad misma dé. Si el sol sale para todos, que cubra también a todos por igual.

Es posible caminar de la mano con quienes no pueden hacerlo fácilmente; es posible construir pedazos de ciudad donde la igualdad sea un término en común. Es posible dar -al menos- momentos, tardes, días o noches de tranquilidad, paciencia, ayuda, amor y paz, enseñanza y esperanza a quienes presentan puntos de dificultad.

Tachar la palabra discapacidad: asumir y aceptar que hay diferencias, que son diferentes capacidades, pero no son incapacidades. Reconocer que podemos ser seres inclusivos, y avanzar, y crear puentes que conecten lo difícil con lo aliviado, para ver reir o ver vivir a todos por igual.

Es posible transformar la realidad, los ojos con que miramos, o la ventana que elegimos para cruzar. Es posible caminar por avenidas que nos lleven a iguales lugares, sin importar de dónde venimos, o quienes somos, o cómo nos manejamos en este mundo. Son posibles los espacios espaciosos, luminosos, llenos de color, llenos de verde, de alturas y bajezas, de desniveles, de sobresalientes, de tramas y tejidos, de redes. Se puede alcanzar la igualdad en la desigualdad.

Se puede teñir cada ambiente por otro mejor, o se pueden concretar otros donde la base de todo sea un todo unitario, un todo de ayuda y comprensión. Ponerse en el lugar del otro y remarla como se pueda, para sentirnos parte de lo que somos, y sentir a los que están cerca o lejos, que somos también parte de ellos.

No hay diferencias que nos diferencien si empezamos el día pensando en lo que no nos tocó a nosotros, pero sí a otros, y haciéndonos de ellos, y aprendiendo a ver de quienes no pueden hacerlo; aprendiendo a oir las cosas que no oyen quienes no lo alcanzan, a gritar despacio y en silencio como tantos ajenos; y aprendiendo a vivir aún cuando algo se nos presente y nos cambie la realidad, aún cuando nos falte algo para desarrollarnos con naturalidad, aún cuando caminemos o corramos o riamos diferente, o igual en fin. Porque no existimos por lo que significa nuestro afuera, ni nos valemos por lo que tenemos encima, sino por lo que logramos desde lo que somos.